lunes, 12 de julio de 2010

Mercados

Me gustan los mercados porque son una selva. Porque no tienen piedad con la falta de competencia técnica y emocional. Porque para tener éxito hay que ser mejor que los demás y, sobre todo, mejor que uno mismo antes de entrar. Los que alguna vez hayan jugado al billar van a entenderme: una operación buena hecha en base a un análisis adecuado produce la misma felicidad que anticipar con un dibujo mental los movimientos de la bola antes de impactarla. Es una especie de éxtasis del ego. La bola va dibujando su recorrido, golpea contra otras, golpea en las bandas, y finalmente acaba por reproducir de manera exacta el diseño que teníamos en nuestra mente antes de taquear. Pueden ser más o menos complejos, como todo. Pero la sensación es la misma. O parecida. En realidad, en un medio tan poco propenso a tomar riesgos, no resulta fácil encontrar actividades tan consistentemente desafiantes.
En definitiva: me gustan los mercados porque me ponen a prueba en lo más básico y elemental.

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