jueves, 3 de noviembre de 2011

...

Estoy en el baño en Austria.
Escucho un diálogo que llega desde la cocina.

- ¿Y esto? ¿Qué es?
- Prepizzas. Son de esa dieta que hacen ellos, macrobiótica, creo. Se juntan los viernes y preparan de esas cosas.
(Silencio; seguramente trata de procesar el hecho de que esos extraños discos de color oscuro son, efectivamente, prepizzas).
- Lo que se pierden...


La conversación es entre mi abuelo y mi primo, que a veces pasa un rato a saludar (y a comer).
Mi primo es de esas personas que frecuentan las salchichas con salsa golf, las pastas con salsa de crema (crema sola), la coca cola, etc.
Pienso en el abismo que nos separa, no ya con la comida, sino con tantas cosas.
Es un buen chico, le tengo aprecio, pero en un punto es claro que él es hijo de su padre y yo del mío.
No es que saque estas conclusiones a partir de su forma de comer. En verdad por alguna razón este tema de la comida me hizo pensar en otras diferencias. Digresiones a las que a veces soy afecto.
Pero bueno, volvamos al punto inicial: el cree que yo, nosotros, nos perdemos algo (yo no soy macrobiótico, pero me parezco mucho más a ellos que a mi primo).
No entiende, no puede entender, que detrás de todo esto no hay sacrificio. Que uno se convierte en otra cosa. Más, que uno aspira a otras cosas: armonía con la naturaleza, equilibrio, ausencia de enfermedad, plenitud mental y física.
No, definitivamente yo no siento que me esté perdiendo nada.
En todo caso siento que estoy ganando muchas cosas.

4 comentarios:

Kco dijo...

jejejej

ovejas...

Julián dijo...

Lo gracioso del caso, además, es que nosotros nos hemos metido cosas en el cuerpo que este pibe no se metería ni a punta de pistola.
Pero ahora parece que somos unos frikis puritanos. Ja!

Kco dijo...

medianía-extremos

Julián dijo...

jejejeje