lunes, 7 de febrero de 2011

jueves, 3 de febrero de 2011

Reflexiones de un jueves por la tarde

Leyendo algunas cosas sobre Led Zeppelin y una posible reunión y gira mundial de la banda me enteré de que en el concierto del 2007 en el O2 Arena de Londres quien se había encargado de tocar la bateria en reemplazo del legendario y fallecido John Bonham había sido nada menos que su hijo, Jason. Sentí algo de curiosidad, googleé el nombre y fui a parar a la página oficial del tipo. Ahí me encontré con un texto en Bio que en su segundo párrafo decía esto: "A lot of talented children have probably been asked by a parent to entertain family and friends, maybe in the living room, maybe sing a little, play an instrument. No big deal and a good way to get used to performing for others. But when Jason Bonham was a small child and got called in to entertain, the family friends he played his drums for could be anyone from Jimmy Page to some of the guys from the group Bad Company. That's what happens when your father is drummer John Bonham, one of the original members of the legendary rock band Led Zeppelin". Sé que muchas veces la fama o notoriedad de un padre puede resultar un peso, pero no pude evitar pensar en lo diferente que debe verse el mundo siendo hijo de un hombre que lleva a su living a tipos como Jimmy Page. Evidententemente la perspectiva desde la cual se vive tiene que ser muy diferente. Y si bien la figura del self-made man y el hecho de construirse a uno mismo casi de la nada es tal vez el estímulo más fuerte que pueda tenerse, no puedo dejar de pensar en los extremos que el azar teje en la vida de las personas. Quién sabe, tal vez a pesar de todo las cosas están siempre en su lugar y son lo que deben ser. Es mejor pensarlo así.

sábado, 15 de enero de 2011

jueves, 6 de enero de 2011

Durante mucho tiempo (en mi adolescencia, sobre todo) imaginé los treinta años como una suerte de principio del fin. Una frontera pasada la cual uno empezaba a estar, básicamente, acabado. Ahora, con la perspectiva del paso del tiempo, me doy cuenta de que no, de que no es así. Uno puede empezar a estar acabado, pero no es una fatalidad. Ahora, ¿qué es estar acabado? No solo un tema de decadencia física sino, sobre todo, de decadencia personal. Hay gente a la que uno ve y tiene la impresión de que le drenaron el entusiasmo. Tal vez esa podría ser, entonces, mi definición personal de estar acabado: tedio, falta de pasión, conformismo. La fórmula perfecta para convertirse en un viejo choto.

lunes, 3 de enero de 2011

Sugar blues

Me acuerdo que hace unos cuantos años vi por tele una película llamada "La cosa". De escaso mérito artístico pero pródiga en truculencias, giraba en torno a un comestible maligno fabricado en cantidades industriales por una oscura empresa. La sustancia en cuestión, blanca, viscosa y fraccionada en potes similares a los de un queso crema, terminaba generando una adicción terrible en todo el mundo y destruyendo completamente sus organismos. La comían en el desayuno, el almuerzo y la cena e incluso en los estadios terminales de la adicción solo tenían eso en sus heladeras.
Por alguna razón me acordé de esta historia justo en estos días en que empiezo a combatir contra una de las peores e insospechadas basuras que me ha acompañado a lo largo de mi vida: el azúcar. Al igual que "la cosa", un producto tan innecesario como dañino y que va destruyendo el cuerpo pacientemente. No creo que sea exagerado calificarla de droga: cero valor nutritivo, generadora de un descalabro orgánico, psicoactiva y con síndrome de abstinencia. Como dice el autor del libro que estoy leyendo ("Sugar blues", de William Dufty): uno nunca sabe que es adicto hasta que toma la decisión racional de librarse de algo y descubre que no puede hacerlo o que en todo caso podrá hacerlo a costa de un gran esfuerzo. Es duro descubrir que uno ha vivido echándole veneno al cuerpo.

martes, 28 de diciembre de 2010