lunes, 9 de agosto de 2010

Cuentos inconclusos

"Al salir del edificio, O’ Connor sintió por fin que las cosas empezaban a mejorar. La separación de Claudia, la muerte prematura de su padre, todo parecía ahora una pesadilla absurda que lo había dejado paralizado durante casi un año. Sí, tenía que mudarse. Su vida se había poblado de fantasmas y necesitaba un lugar donde acallar su pasado. Además, el departamento era muy lindo. Eso era innegable. Por fin podría vivir en un lugar acorde con sus expectativas y, por qué no, con sus necesidades. Un hombre afortunado. Eso había dicho el martillero al salir del edificio y O’ Connor estaba ahora dispuesto a creerlo. Al menos por un tiempo. Se subió las solapas del sobretodo y siguió caminando, distraído, hasta perderse por uno de los túneles del subterráneo..."

viernes, 6 de agosto de 2010

Dice Donald Trump en "El arte de la negociación" que cuando alguien, por ejemplo, nos hace una oferta de 80 en un negocio que involucra un monto de 100, queda muchísimo más satisfecho si nosotros contraofertamos 90 en lugar de aceptar sin reparos su oferta inicial. La pregunta obvia es: ¿cómo es posible que alguien que ofertó 80 se quede más contento si contraofertamos 90 en lugar de aceptarle sus 80 iniciales? Se supone que 90 es menos beneficioso para él. Bueno, la razón es simple: si aceptamos 80 su pensamiento inmediato es algo así como "puta, qué fácil aceptó; podría haber ofertado 60 y seguro que me lo dejaba en 70". Si en cambio hicimos la contraoferta de 90, su pensamiento tiende más a parecerse a algo como "bueno, conseguí una baja de 10, y está claro que ese es su piso, porque se mostró bastante firme; no está mal, después de todo, estamos a mitad de camino entre su precio y el mío". Lo interesante de esto es que he empezado a notar cómo funciona maravillosamente bien en otros órdenes de la vida. Hay una tendencia humana (bastante extendida) a apreciar mucho más aquellas cosas que han sido difíciles de conseguir. Concepto de escasez. Lo que no abunda debe ser mejor (en general, no importa si en verdad lo es, lo que importa es la percepción relativa del otro). Habría que tener esto mucho más presente.

miércoles, 4 de agosto de 2010


Después de mucho tiempo, casi podría decir que he redescubierto este disco. No es que antes no me gustara. Para nada. Pero ahora, por alguna extraña razón, se ha convertido en uno de mis favoritos. Representa buena parte de lo que para mí significa el rock: exploración, juego, libertad, diversión, autenticidad. Y me seduce por muchas cosas: por la coctelera de estilos que es, por el hecho de que lleva su tiempo adoptarlo como favorito, por la forma en que fue creado y el mundo de historias que lo rodea. Exile on main street, un disco rarísimo, mítico, hermoso.

sábado, 31 de julio de 2010

Una de las habilidades más críticas a desarrollar en la vida es la de saber habitarse a uno mismo. Para decirlo de forma más clara: ser capaz de estar completamente solo y pasarlo muy bien. Es, creo, la mejor señal de buena salud.
 

martes, 27 de julio de 2010

Si hay algo que me sorprende es la profundidad que pueden tener los cambios personales con el correr de los años. Y me refiero a los cambios genuinos, no a los forzados. Cambios en el marco mental, en las ideas dominantes con las que alguien se maneja. Visto desde afuera, puede parecer que se traicionaron los viejos principios. ¿Cómo se transmuta una admiración por Cobain a otra por Onassis? ¿Cómo se pasa de sostener ideas de izquierda a ser un liberal convencido? Esto me trae el recuerdo de la charla de Steve Jobs en Stanford. Uno va haciendo cosas, va siguiendo un rastro sin saber muy bien (al principio) por qué lo sigue ni en donde va a terminar. Es el gobierno de las ideas. Cierto hartazgo en una vieja posición que, intuimos, ya no conduce a ninguna parte. El deseo (la necesidad) de ser otro. Quién sabe. El punto es que ya no hay vuelta atrás, por la sencilla razón de que uno ya no es lo que era y todo lo que queda por delante es hacer lo que siempre hicimos o debimos haber hecho: ser nosotros mismos. Un nosotros mutable, sí, pero no por eso menos auténtico.

miércoles, 21 de julio de 2010

Demagogia

El problema de fondo no son los políticos. Los políticos son, en su gran mayoría, oportunistas en busca de poder. Dicen lo que la masa tosca quiere escuchar. El problema de fondo es cultural y está en esa mayoría embrutecida e ignorante que prefiere pensar que las cosas son fáciles y que tiene derecho a una vida maravillosa a cambio de nada. Más: que si hasta ahora no la ha tenido es porque una minúscula banda de miserables (siempre difusa y esquiva) se la ha robado. Y no, la verdad es que en la mayoría de los casos no les han robado nada. Simplemente ellos se han robado a sí mismos. En particular, la esencial convicción de que todo, en última instancia, está en sus manos. Se debilitan. Se mutilan. Pero no contentos con eso esparcen su impotencia e intentan mutilar también a quienes los rodean inyectándoles el veneno que los ha hecho arrastrarse durante siglos: la rueda interminable y eterna de la demagogia.

domingo, 18 de julio de 2010